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Another day at Carmel High {Josh}

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Another day at Carmel High {Josh}

Mensaje por Riley M. Fletcher el Jue Feb 02, 2012 8:24 pm

Hay mucha gente diferente en el mundo. Por un lado podemos encontrar a todos aquellos que odian levantarse temprano, sobre todo si lo que les espera es un largo día de clases. Pero la protagonista de nuestra historia no es de ese tipo de personas. Riley se había levantado aquella mañana justo antes de que la alarma del despertador la sacara de su plácido sueño. La rutina era la misma cada mañana; una ducha, un completo desayuno, diez minutos intentando decidir que ponerse, unos ligeros toques de maquillaje y salir por la puerta de casa después de coger todos los libros preparados desde la noche anterior. La morena es de este tipo de personas que cuida cada detalle de su aspecto, incluso para salir a comprar el pan o ir a dar un simple paseo. No, no os equivoquéis, no parece que vaya de fiesta cuando en realidad va a clase, pero tampoco es una de esas chicas que ni siquiera se mira al espejo por las mañanas. Lo curioso era que ni siquiera parecía haber dedicado diez minutos de su tiempo a elegir los ajustados vaqueros y el largo jersey de rayas que llevaba aquel día, junto con el largo abrigo rojo y las altas botas de color negro. Todo en Riley parecía demasiado casual, aunque no lo fuera.

Llegaba pronto al instituto, como de costumbre. No hablamos de cinco minutos antes del comienzo de la primera clase, hablamos de media hora antes de que el timbre anunciara el comienzo de la jornada. El aparcamiento estaba igual de desierto que los pasillos ¿Qué hacía allí sola? Nada en especial, pero le gustaba dedicar unos minutos a ordenar los libros dentro de su taquilla para colocarlos en el orden que iban a ser utilizados. No se consideraba una persona demasiado maniática, pero sí, puede que lo fuera. Riley era una de esas personas que disfrutaba de la vuelta a clase después de las vacaciones de Navidad. Le gustaba ir a clase. Le gustaba escuchar el sonido de sus pasos en los pasillos deshabitados. Le gustaba escuchar las voces de los primeros que llegaban mientras repasaba la tarea para ese día. A Riles le gustaba el instituto y no era algo que se esforzara en ocultar. Era común que la gente se apartara de su camino puesto que acostumbraba a leer por los pasillos o en cualquier lugar en el que se sintiera cómoda, como la cafetería a la hora de comer.

Era la primera en llegar y de las últimas en marcharse, aunque en eso también tenía algo que ver el hecho de que ese curso hubiera decidido unirse Vocal Adrenaline. Nunca se había imaginado a sí misma formando parte de algo como aquello, pero sabía que quedaría genial en sus solicitudes para la universidad y, además, debía admitir que resultaba divertido. Ella no era de las que intentaban instaurar sus ideas, puesto que solía acatar todas las órdenes de los demás. Así era en su vida y así era cuando ensayaban en el auditorio, como aquella tarde. La muchacha se limitaba a hablar cuando le preguntaban, cantar cuando le mandaban y no cuestionar nada de lo que decían los demás. También estaban todos aquellos que buscaban ser el centro de atención, conseguir un solo en algún número en concreto o forzar al grupo a cantar su canción favorita. Y allí estaban, una vez más, la tarde estaba siendo larga y agotadora. Kirsten intentaba convencer a los demás de efectuar un determinado número de baile, algo en lo que varios no parecían estar de acuerdo. Conocía a su capitana y sabía que no iba a dar su brazo a torcer tan fácilmente. No se equivocaba. El ensayo había terminado y no habían conseguido ponerse de acuerdo en nada. Riley abandonó la sala de ensayo dedicando una sonrisa a cada una de las personas de las que se despedía. No tenía prisa, pero tampoco le apetecía seguir allí demasiado tiempo. Se despidió de Indiana con algo más de efusividad, dándole un fuerte abrazo y se dirigió a su taquilla con paso tranquilo. Sacó su bolso y guardó en él los libros que iba a necesitar aquella noche para hacer sus deberes. Se abotonó el abrigo y salió del edificio para ir a buscar su coche al aparcamiento. Más rostros conocidos. Más sonrisas. Más “hasta mañanas”.

Y le vio. Estaba allí, como los demás. Fue toda una sorpresa haberle visto la primera vez en el auditorio. Habría esperado ver allí a cualquiera antes que a Josh. Compuso una de sus dulces sonrisas, como siempre, ocultando cualquier rastro de dolor que pudiera haberse dejado entrever.

-Vaya, pensaba que habrías salido corriendo después del ensayo para alejarte del instituto. –comentó ella con una sonrisa-. No esperaba encontrarte aquí con los rezagados. –agregó, jugueteando con las llaves de su coche.



Riley M. Fletcher

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Re: Another day at Carmel High {Josh}

Mensaje por Josh W. Carter el Jue Feb 02, 2012 10:37 pm

Tarde, como siempre. La puntualidad nunca había sido lo mío y por lo visto no estaba en un futuro cercano de añadirse a mi lista de virtudes, más bien de permanecer en la incontable de defectos. Podría asegurarlo cualquiera que me hubiese encontrado aquella mañana entrando como una exhalación cinco minutos tarde a la clase de historia con el pelo aún algo más oscurecido debido a la humedad que mantenía de la ducha que había tomado en lo que en mi cabeza parecían haber sido cinco minutos atrás. Como me las había apañado para llegar al instituto en skate con una rebanada de pan en la boca por el camino y llegar tan solo cinco minutos tarde sería un misterio que ni mi propia mente sería capaz de descifrar, no en el día de hoy desde luego. Soy consciente de que me faltan horas de sueño, al igual que soy consciente de que nunca debí de haber aceptado esa conversación por Skype a altas horas de la noche pero ¡Que demonios! Hacía lo que parecían siglos desde que no veía a mis amigos y por unas horas-aunque estas fueran restadas de mi sueño- casi pude sentir como si de nuevo estuviese en casa.

Lo siguiente que recuerdo es haberme dormido aún con la ropa de ayer puesta encima de la cama con el portátil a un lado, la alarma del despertador sonando como en una especie de universo paralelo donde el sonido llegaba demasiado lejano como para despertarme, y como una mano que nada más podía ser mía pero que no recordaba haber levantado la apagaba. No escuché ningún grito de Brooke, más bien lo siguiente que supe de mi hermana fue la nota en la nevera avisando de que tenía que estar antes de tiempo en clase para no sé qué historia y que me robaba el coche. Justo ahí era donde daba comienzo mi carrera.

El día no parece querer acompañarme de todos modos, más bien figuraba en esos días en los que cualquier cosa que pueda salir mal, saldrá mal. La taquila se había atascado, un par de libros se habían quedado olvidados en alguna parte del desastre de mi habitación, los parpados se me cerraban a cada cinco minutos en un par de clases que estaban desde luego lejos de mi interés. Incluso una tiza impactó contra mi cabeza en Literatura cuando el profesor se percató de la improvisada cabezada en la última fila, por suerte la cosa quedó simplemente en la obligación de rascarme un par de veces el lugar en el que había impactado. No me mandó al despacho del director, no hubo más reclamo que un comentario mordaz al que me aseguré de permanecer callado e impasible por mi bien.

Últimamente así han sido las cosas, un reto diario para mantenerme alejado de los problemas, para acudir a clases sin rechistar, para tratar de hacer los deberes en el trabajo. La semana que me precedía era prácticamente impoluta: sin altercados, sin jaleos, sin problemas, sin faltas ni advertencias de ningún tipo. Sin duda alguna podría considerarlo como mi récord. Pero preferiría mil veces la tortura de aguantar la voz soporífera del director, el limpiar los baños durante un mes o cualquier otro tipo de castigo antes que el que se me había impuesto desde hacía unas semanas. Vocal Adrenaline. El cómo llegué allí y el por qué figuran en la lista de preguntas a medio responder, unas de las que no pararé hasta conocer hasta el más ínfimo detalle.

Me había esforzado desde que había pisado Lima en no destacar demasiado, algo que se había visto truncado claro por los altercados. Ninguna actividad, ningún hobbie, ningún grupo. El chico en blanco, eso es lo que me había propuesto para lo que esperaba fuese una relativa corta estancia. Si algún momento hubiese decidido echar alguna solicitud, sin duda alguna esa habría sido para los Carmel Sharks. No se escapa a mi conocimiento que la mayoría de ellos me sacan algo de peso, pero llevaba jugando a football casi tanto tiempo como llevaba haciendo surf y siempre había sido un buen corredor: rápido, tremendamente ágil y lo suficientemente férreo como para algún enfrentamiento mano a mano. Sobra decir que ni aún en la peor de mis borracheras mi nombre hubiera formulado en la lista para el estúpido grupo de espectáculo.

Divas. Si tuviera que elegir una palabra para definirlo esa sería sin duda la primera que acudiría a mi mente. Empezando por su líder y su co-líder, ambas lo suficientemente preocupadas por acaparar los momentos de gloria, de destacar, de tratar de mostrar al mundo que son mejor que nadie. Me enfermaba. Me enfermaba y me sigue enfermando en este mismo momento cuando, después de un buen rato terminado el ensayo aún no hacen permanecer allí porque todavía siguen discutiendo entre ellos. Yo, por mi parte, me ocupo desde que llegué allí de mantenerme al margen, observar y analizar. Quien quiera que sea el culpable de que estuviese allí se halla en la sala, a mi lado, y el saber su identidad es algo que se ha vuelto casi una auténtica necesidad.

Con vuestro permiso— interrumpo la conversación alzando la voz desde uno de los asientos más alejados, apartado de todos los demás, de los que se encuentran discutiendo o de los que como yo se mantienen al margen— o sin él, tampoco me importa demasiado—añado levantándome y colgando mi mochila de mi hombro derecho y coger el skate con la misma mano— hay gente aquí que tiene cosas más importantes que hacer que quedarse para descubrir como termina vuestra pelea para ver quien va a acaparar más luces— suelto con algo de desprecio en la voz aunque esta vez no es mi intención.

No soy ningún hipócrita, y desde el mismo momento en el que puse los pies en ese lugar me he esforzado por dejar bien claro que no quería estar allí. Lo segundo en lo que me he esforzado es en sacar de quicio a todas las divas del grupo, para qué negarlo, me entretiene; es demasiado tentador soltar cualquier comentario sarcástico, mordaz o despectivo para luego oír a quien sea reclamarme, salir de su lugar y empezar una pelea verbal en la que yo me esfuerzo por tener la última palabra. Si me querían allí obligado eso es todo lo que van a recibir, lo justo como para que quien sea no vaya corriendo de nuevo al director, esta vez para decirle que no estoy dando el papel y de que puede expulsarme.

Oigo algunas voces mientras salgo del lugar del ensayo, seguramente estarían exigiéndome que permaneciese allí o simplemente estarían contrarrestando mi comentario. Cualquiera que fuese me esfuerzo por mantener mi mente clara mientras me abro paso hasta mi taquilla de nuevo. La falta de sueño y de nutrientes en el día de hoy me pasa factura, quizás demasiado pero no es momento para quejas ni para decaimientos, tengo el tiempo justo para terminar un par de cosas y salir a toda velocidad si quiero llegar a mi hora al trabajo. Mis expectativas aumentan cuando intento convencer a un compañero que me lleve en coche dado que sé que vive cerca. Acepta, pero para cuando hemos llegado al aparcamiento le suena el móvil y después de darme unas cuantas explicaciones que me sobran a modo de disculpa se marcha dejándome allí con un par de personas más.

Mi vista va de un lado para otro, mi coche sigue aparcado allí cerca pero no tengo las llaves y me imagino que mi hermana sigue dentro y que la cosa irá para rato, ella si que disfruta con esos líos de las actividades. Me llevo una mano al pelo, ligeramente frustrado; un gesto que he tenido durante toda mi vida. Desde luego esperar en el aparcamiento con aquel frío por la posibilidad de que Brooke salga antes de tiempo no es una idea alentadora, más que nada porque nada me asegura que salga a tiempo como para que yo pueda llegar a mi hora.

Mierda—dejo escapar. En momentos como ese mi vocabulario siempre tiende de ir a mal en peor y cuando sumas las palabras sueño, agobio, hambre, frío y frustración desde luego el resultado no puede ser nada bueno.

Es entonces en mis momentos de indecisión cuando una voz suena detrás de mí, me giro para poder enfrentar a dicha persona, aunque tengo una sólida idea de quién puede tratarse no quiero equivocarme, no me fío demasiado de mí mismo hoy— Sin duda esa fue mi primera opción, pero el día no parecer querer acompañarme. Debo caerle realmente mal a alguien de ahí arriba—señalo con el índice al oscuro cielo mientras sostengo el skate entre mi pierna y mi mano izquierda para dejar la diestra libre para el gesto— a alguien de ahí arriba, o a alguien de aquí abajo—suelto en un pequeño bufido echándole de nuevo una mirada de soslayo a mi propio coche por encima del hombro de la chica— ¿No habrás visto a mi hermana por casualidad? Nunca debería haberla enseñado a conducir, mira quién está ahora tirado.— pregunto esperanzado en un tono completamente casual.

Ahora que lo recuerdo ambas tienen la misma edad por lo que casi seguro comparten bastantes clases. En algunas ocasiones se me pasa por alto la edad de la chica que tengo delante, Riley siempre me ha dado esa sensación en algunas circunstancias de tener más edad de la que verdaderamente tiene, o quizás solo es un intento de mi mente para no pensar demasiado en el hecho de haber salido con una chica de la edad de mi propia hermana pequeña. No es que necesitase explicarme nada a mí mismo, nunca le he dado demasiada importancia a ese tipo de temas, más bien no le daba ninguna, pero cuando a veces me lo planteaba de ese modo sentía la imperiosa necesidad de buscar una explicación lógica, después de todo es mi hermana pequeña de quién estamos hablando.




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Re: Another day at Carmel High {Josh}

Mensaje por Riley M. Fletcher el Sáb Feb 04, 2012 4:23 pm

Los ensayos en Vocal Adrenaline se habían convertido en algo bastante previsible para cualquiera que hubiera pasado allí más de diez minutos. Eran un grupo grande, pero no habría mayor problema a la hora de ponerse de acuerdo si no hubiera tantos gallos en un mismo corral. Riley se limitaba a observarlos a todos, cantar cuando le tocaba y hablar si es que en algún momento le pedían su opinión sobre algo –cosa que no sucedía demasiado a menudo-. Por lo demás, las largas horas en las que deberían ensayar los temas para futuras competiciones se convertían en intensas discusiones entre todos aquellos que querían destacar por encima de los demás, aquellos que buscaban la atención del público. A Riley le gustaba cantar, sí, pero no buscaba convertirse en una artista famosa, algo que había escuchado decir a muchos de sus compañeros. Ella se había unido al coro para conseguir el favor de alguna universidad y para hacer algo con el tiempo libre que tenía después de las clases; obviamente, el hecho de que considerase que era algo divertido había ayudado a tomar la decisión. Eso sí, en momentos como aquellas tensas discusiones entre Kirsten, Prue y algunos más, habría preferido decantarse por el club de debate, las animadoras, el club de periodismo o cualquier otro en el que no hubiera tanta competitividad. Veía lógico competir con otros colegios, al fin y al cabo, eso era lo que se suponía que debían hacer; pero veía absurdo competir entre ellos mismos por ver quién conseguía ser el centro de atención.

Puede que aquel fuera el principal motivo por el que se hubiera sorprendido de ver a Josh en la sala de ensayos la primera vez. No recordaba que, durante el tiempo que duró su corta relación, el rubio hubiera dejado entrever ni siquiera un mínimo interés por unirse a Vocal Adrenaline, por lo que la sorpresa el primer día de ensayos después de las vacaciones de Navidad fue mayúscula. Llegaba con Indiana, como siempre, y se dirigía a buscar aquel rincón oscuro desde el que se dedicaba a observarlo todo cuando se encontró con la mirada de Joshua. Le costó recomponerse de la sorpresa, aunque no pudo ocultarla y le sonrió, como siempre. El gesto malhumorado del rostro del chico le dejó bastante claro que no estaba cómodo allí, pero siguió acudiendo a los ensayos, día tras día, eso sí, dejando ver que no quería estar allí. Ella, a pesar de que habían hablado en más de una ocasión, todavía no se había atrevido a preguntarle por qué no dejaba el coro, si tan cómodo se encontraba con ellos. Raro era el instante que Joshua no aprovechaba para hacer alguna broma o comentario malicioso hacia los demás, sobre todo hacia aquellos como Kirsten y alguno más que ansiaban, por encima de todas las cosas, ser el centro de cada uno de los números musicales que preparaban entre todos. Sin duda, el rubio dejaba claro a cada instante que no quería estar allí con ellos, que preferiría hacer cualquier cosa antes que pasar largas e infructuosas tardes con ellos. Por eso no se extraño de que fuera uno de los primeros en abandonar el auditorio aquel día, pero sí le sorprendió verle vagando y maldiciendo en voz baja por el aparcamiento. Sonrió con cierta diversión al escuchar su comentario antes de que preguntara por Brooke.

-No la veo desde la clase de Matemáticas de última hora. –le informó-. Bueno, si no hubieras enseñado a Brooke a conducir seguirías llevándola a todas partes o deberías vigilar con quién monta en coche. –agregó con una sonrisita y encogiendo ligeramente los hombros.

La morena abrió su coche y lanzó los libros y su bolso al asiento trasero. Aquel había sido el regalo de sus padres por sus recién cumplidos dieciséis años. Todavía no era una conductora experimentada, pero sí una muy prudente, por lo que sus progenitores no habían dudado a la hora de fiarse de ella.

-Supongo que seguirá dentro. Si quieres puedo acompañarte a buscarla. –se ofreció-. O si tienes mucha prisa y te fías de mí, puedo llevarte yo a trabajar.

Imaginaba que aquel era el motivo –además de su aversión al coro- que le había llevado a abandonar el instituto a aquella velocidad y al hecho de no parecer de buen humor por no encontrar a su hermana. Riley le dedicó una pequeña sonrisa, esperando a que él tomara una decisión. A pesar de todo lo que había pasado entre ellos, la muchacha seguía actuando con total normalidad ante él. Hacía como si nada hubiera sucedido, como si no fueran más que un par de amigos y compañeros de instituto. Después de su ruptura, Riley no montó una escena ni le perseguía celosa por cada rincón del instituto, incluso aunque la mayor parte del tiempo hubiera deseado hacerlo, no por comportarse como una novia celosa o posesiva, sino porque, en el fondo, necesitaba una explicación. Necesitaba saber qué era lo que había hecho mal para alejarle de su lado. Pero no, no había habido escena de novia celosa ni ningún tipo de preguntas. El primer día que se vieron tras las vacaciones navideñas –la primera vez que se encontraban tras esa ruptura mediante mensaje de texto- ella le había sonreído y le había saludado alegremente como siempre solía hacer. Era consciente de que no era el modo de actuar más normal, pero era el único modo lógico para alguien como ella, que no recordaba haberse enfadado con nadie a lo largo de toda su vida.



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Re: Another day at Carmel High {Josh}

Mensaje por Josh W. Carter el Dom Feb 05, 2012 6:51 pm

La contestación no me cae demasiado en gracia. Quizás porque eso supone que mi hermana lleva metida ahí dentro horas y sin perspectiva alguna de salir pronto, quizás porque toda frase que contenga la palabra Matemáticas implica cierta aversión por mi parte o quizás una mezcla entre ambas y toda la situación del momento. Aun con todo ello sonrío a la muchacha que tengo delante, la culpa de que mi hermana esté haciendo méritos para convertirse en miss-relaciones-sociales de Carmel High no es desde luego suya y aunque en muchas ocasiones me costase contener mi carácter o mi mal humor, ella había sido una de las pocas personas de las que había conocido allí –o en cualquier otro lugar– con una sonrisa siempre disponible para cualquier persona que la necesitase.

A decir verdad la chica siempre me ha sorprendido de una manera grata. Si algo estoy acostumbrado a recibir de la gente es hostilidad debido a la supuesta fama que me precede o a mis propios actos en sí. Para que negarlo, yo, al contrario que ella, no soy de esas personas capaces de sonreír a cualquiera que se plante en mi camino sin importar mis circunstancias, o si tengo o no un mal día o mucho menos si esa persona no es de mi agrado o ya me ha jodido en un par de ocasiones. En cierto modo es una cualidad que me salvaría de muchos problemas. Pero no, yo era el que explotaba, el que saltaba a la mínima, el que no salía de un problema para meterse al otro y el que tenía la mordacidad, la ironía y el sarcasmo como segundos idiomas. De alguna manera siempre había admirado a la gente como ella, y a día de hoy lo sigo haciendo.

Brooke sabe lo que hace— me encojo de hombros, convencido de que desde luego no soy la persona que estaría detrás de mi hermana pequeña las veinticuatro horas del día.

Mi hermana a pesar de tener una edad inferior a la mía ha demostrado ser bastante responsable y madura para su edad. ¿Por qué no decirlo? Todo lo responsable y madura para su edad que yo no soy con dos años más y que probablemente ni siquiera lo sea cuando cumpla los treinta. Yo he cometido miles de errores que quizás si volviese atrás no cometería, pero esos errores son los que me han ido definiendo como persona, para bien o para mal. En mi opinión, no estoy en mi derecho de privar a mi hermana de cometer los suyos propios, aunque por supuesto lo último que quiero es verla sufrir de cualquier modo. ¿Me convierte eso en un mal hermano? No lo sé, pero es mi forma de pensar.

Observo como camina unos pasos hasta mi espalda y abre el coche que está detrás de mí para luego tirar sus pertenencias al interior. Mi típica media sonrisa de diversión no se hace esperar para aparecer en mi rostro previniendo de que lo siguiente que saldrá de mi boca será uno de esos comentarios burlones míos sin ningún tipo de maldad y que solía soltar normalmente para molestar o bromear un poco con la gente.

Vaya. Esto si que es toda una novedad—digo en voz alta siguiendo sus pasos y quedándome un metro rezagado mientras paso mi mano libre por la carrocería del coche, cerca del depósito— No sabía que tenías coche ahora.

Apoyo mi espalda entonces sobre el vehículo, contando con que ella va a girarse para hablarme. Y así es. Se ofrece para acompañarme a buscar a mi hermana una vez ha dejado las cosas en el coche. Me lo planteo durante un segundo pero no me parece una buena idea, no quiero hacerla caminar hasta casa dentro de unas horas con este frío infernal, si alguien tenía que resfriarse prefiero ser yo, y al menos aún dispongo de una tabla y cuatro ruedas para desplazarme.

Nah, no importa— niego con la cabeza mientras me rasco la nariz distraídamente— Si consiguiese encontrarla me pondría su mejor cara de pena e igualmente se quedaría con el coche. Ya sabes como es.

Frunzo el ceño ligeramente percatándome de un detalle. Si Riley conoce a mi hermana es prácticamente por el hecho de que están en el mismo año y comparten por ello bastantes clases, no por otra cosa. A cualquier persona le parecería que al estar saliendo a lo mejor la chica se había paseado por mi casa y había conseguido establecer una estrecha relación con mi hermana menor. Si la mantienen o no es algo completamente desconocido para mí, pero desde luego no iba a ser por el tiempo que Riley había pasado en mi casa o lo mucho que yo le he hablado de mi hermana. Para que negarlo, siempre he sido demasiado introvertido y reservado para cuando hablar de mí, de mis cosas o de mi familia se trata. En su lugar en el escaso tiempo que compartí con la chica me limité a dejarla hablar a ella, a mostrarme su mundo –uno por el que pronto desarrollé curiosidad– y sus cosas. Ella parecía cómoda hablando de sus cosas y yo estaba cómodo sin tener que evitar o desviar preguntas sobre mí, una relación por la que siempre había buscado desde que tengo uso de razón.

Mi turno en el trabajo comienza en una media hora— me encojo de hombros como respuesta a su pregunta indirecta sobre mis prisas cuando se ofrece a llevarme— Lo que no estoy seguro es de si puedo fiarme—suelto una carcajada divertido— no de ti, más bien de tu habilidad al volante.

La conozco bastante, lo suficiente como para saber que es igual de responsable al volante como lo es con prácticamente todo el viaje durará el doble de lo debido. Probablemente ella sería la única persona en aquella pequeña ciudad que respetaba realmente las señales de tráfico. Al contrario yo era un auténtico temerario, sobre todo cuando iba solo. Los accidentes de tráfico matan, es algo que no hace falta que me digan; pero al menos yendo lo suficientemente rápido me aseguro de ahorrarme los segundos de agonizar. Rápido, indoloro; es mucho mejor pensarlo de esa forma.

Miro alrededor. El cielo no pinta nada bien y el frío va en aumento conforme los minutos pasan. Mis ojos van desde mi coche a los marrones de la chica y preparo mi mejor cara de pena. Ella sabe que no soporto el frío de este lugar.

Todo depende de si prefieres dejar que me congele por el camino o te viene bien llevarme— dejo caer esperando su respuesta sin apartar la mirada de sus ojos. Sé que si quisiera podría dejarme allí plantado y mandarme a la mierda perfectamente, desde luego nadie podría juzgarla por ello, ni siquiera yo.




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Re: Another day at Carmel High {Josh}

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