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Llegando tarde una vez más {Josh

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Llegando tarde una vez más {Josh

Mensaje por Brandon P. Abrams el Sáb Feb 04, 2012 3:19 pm

Miró el reloj de color azul oscuro ubicado en la pared de su cocina. Aquello que vio lo único para lo que sirvió fue para ponerle más nervioso, pues llegaba tarde. Brandon solía ser una persona extremadamente despistada, en raras ocasiones acudía a una cita a la hora indicada. Ni si quiera a la cita del médico, siempre llegaba con retraso y tenía que quedar esperando a que el último paciente del día pasase consulta para poder entrar él. Siempre estaba a la carrera, apuraba el tiempo al máximo y cuando quería darse cuenta se le había echado la hora encima. Por ello ahora se encontraba corriendo escaleras arriba hacia su habitación, donde le esperaba su ropa que perfectamente ya había elegido con anterioridad. Para unas cosas era muy perfeccionista y para otras no. Trataba de buscarle la lógica a su forma de actuar pero lo cierto era que no conseguía encontrarla. Se colocó frente al espejo cuando se hubo terminado de vestir y apenas se arregló el pelo con las manos, para después volver a salir corriendo escaleras abajo. Por suerte, no había nadie en casa, así que no tenía que despedirse de ninguno de sus hermanos, ni si quiera de sus padres. Agarró las llaves de la moto y, tras ponerse el casco, salió disparado entre las calles, esquivando a los coches que se le ponían por delante. Tenía claro su objetivo, llegar a Lima Bean antes de que su amigo lo hiciese para una vez en su vida considerarse puntual.

El tráfico a aquellas horas estaba bastante espeso, y por su mala suerte estaba topándose con todos los semáforos en rojo. Miró el reloj que llevaba en su mano izquierda y negó, ya por mucho que quisiera no llegaría. Arrancó rápidamente cuando el semáforo se puso en verde y después de un rato de camino, por fin llegó al lugar indicado. La verdad es que el establecimiento no le quedaba demasiado lejos, pero como se encontraba apurado había decidido utilizar su propio transporte. Aparcó la moto en la entrada y le puso su candado de seguridad, se acomodó la camisa que, ligeramente se le había subido y suspiró, antes de abrir la puerta del local y echar un vistazo a su alrededor.

Lo encontró sentado en la mesa de siempre. Aquella que prácticamente ya llevaba sus nombres, pues siempre, fuera por casualidad o por lo que fuese, terminaban sentándose en el mismo sitio. Tenía sus puntos positivos, pues siempre lo encontraba con facilidad al estar sentado en el mismo lugar. Se acercó despacio, con las manos metidas en los bolsillos delanteros de su pantalón, como si fuese la persona más puntual de todas, como ni si quiera hubiese llegado quince minutos tarde. - ¡Hola! - Esbozó una pequeña sonrisa al tiempo que le daba un pequeño toque en el hombro y se sentaba frente a él. - Lamento el retraso, el tráfico, ya sabes. - Dijo, aunque sabía que únicamente era una excusa. Y probablemente su mejor amigo lo sabría también.

Suspiró pesadamente mientras se removía constantemente en la silla, haciéndose latente su claro nerviosismo. Había citado a Josh hace unos días con la intención de hablar con él sobre un hecho que llevaba atormentándole semanas... ¿Quién dice semanas? Meses. Demasiado tiempo era el que ese tema había estado rondando su cabeza y ya había llegado a un punto que se tornaba insostenible. Tenía la necesidad de desahogarse, de contarle al mundo lo que pensaba, lo que sentía... Sin embargo, no se veía capaz. No aún. Miró a su amigo que estaba tranquilamente sentado en la silla. Ahora estaba entrándole el pánico. No podía contárselo. ¿Qué iba a pensar de él después de esto? Quizás no quería volver a dirigirle la palabra... No podía arriesgarse a que eso sucediese. - Y bien.. ¿Cómo has estado? - Trató de empezar la conversación de forma que no se acordase de su llamada telefónica aquella noche, lo había hecho a altas horas de la madrugada y sin poder evitar el llanto, implorando ayuda. Se daba vergüenza a sí mismo por su actitud y no sabía cómo enfrentaría el tema si éste salía como parte de la conversación.



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Re: Llegando tarde una vez más {Josh

Mensaje por Josh W. Carter el Dom Feb 05, 2012 1:11 pm

Y ahí está esa sensación de euforia típica del último día de clase. El viernes había llegado finalmente aún y cuando había tenido la sensación de que esta semana no terminaría, de que el mundo se había puesto de acuerdo en un maléfico complot contra mí para retrasar las manecillas de todos los relojes para incrementar mi suplicio semanal. Solía quejarme de que en Los Angeles tenía problemas de tiempo, eso había sido hasta que he puesto los pies en Carmel y su apretado horario educacional. Mi padre desde luego no ha fallado al inscribirnos a Brooke y a mí allí y, ahora que puedo ver con mis propios ojos el lugar donde él había recibido hace bastantes años su educación, puedo por fin resolver el misterio de la obsesión por el trabajo de mi progenitor.

Aquel edificio, con su prestigiosa fachada y sus inmensas instalaciones es lo más parecido que he visto al servicio militar en mi vida, al menos a la hora de explotar física y mentalmente a los alumnos para hacerles sacar el máximo provecho. Dado que yo no me había apuntado a ningún equipo y que tampoco he estado muy dispuesto a dar mucho mentalmente, Carmel High ha hecho un excepción conmigo y ha decidido exprimir mi horario.

Pero nada de eso importa ahora, no cuando tienes esos dos días y medio por delante en los que no tienes mayor obligación que disfrutar de tu tiempo libre, ponerte al día con tus amistades y recuperar todas y cada una de las horas de sueño perdidas. O al menos esa eran las actividades de la gente normal; por mi parte mi tiempo libre podría considerarse como una auténtica ruleta rusa en la que nunca se sabe cómo o en qué va a ser empleado. No sería la primera vez que tiraba de ahorros, convencía a mi hermana y cogía el coche para conducir durante horas y horas con el objetivo de hacer algún viaje no planificado hasta cinco minutos antes de llenar el depósito.

No tardo ni un cuarto de hora en meterme en la ducha, cambiarme de ropa y salir a la calle con el skate en la mano. El ya habitual gris plomizo me recibe en el exterior y agradezco haber elegido un buen abrigo que aunque me resta bastante movimiento encima de la tabla al menos previene que me hiele con la temperatura y el aire que me despeinaría en el viaje desde mi casa hasta The Lima Bean si no fuera por el gorro calado hasta casi las cejas. Nunca habría conocido el lugar de no ser por Brandon, pero no puedo negar mi felicidad por el hecho, aunque me cayese lejos de casa o del instituto la mayoría del trayecto resulta ser cuesta abajo y la acera parece estar más lisa de lo normal, algo excelente si pretendes hacer el descenso en monopatín sin acabar en el hospital.

El descenso es tranquilo y sin ningún incidente, y si no fuese por el aire frío que impacta sobre mi piel producto de la temperatura y la velocidad podría decir que incluso lo estoy disfrutando; por ello cuando llego a la puerta del establecimiento casi me sorprendo de lo corto que se me ha hecho el viaje. No me detengo mucho tiempo en la puerta sino que entro sin dudarlo dos veces por la puerta y echo una ojeada a mi alrededor: ni rastro de Brandon.

Una de las mejores cosas de mi mejor amigo es que hace sentir como una persona puntual. Yo, el que siempre llego tarde a todos lados y con prisas, es el que habitualmente es el primero en aparecer cada vez que quedamos. Miro el reloj del móvil y compruebo que he llegado con cinco minutos de retraso de la hora acordada entre ambos. No lo espero aquí próximamente, por lo que me limito a saludar a uno de los encargados que ya prácticamente nos conoce a ambos y me abro camino entre las mesas hasta llegar a la que habitualmente ocupamos. Ni siquiera sé cómo se ha instaurado dicha costumbre pero aquella mesa ya se ha convertido en todo un icono; tanto que de vernos obligados a sentarnos en otra distinta estoy seguro de que la reunión perdería parte de su esencia y encanto. Así que tranquilamente apoyo el skate contra la pared justo en el espacio que queda entre el suelo y mi espalda en lo que tardo en recostarme en uno de los muros del establecimiento.

Tomo la carta de encima de la mesa y me pongo a ojearla. Aunque me sé prácticamente de memoria casi todos los tipos de bebidas y aperitivos disponibles no encuentro nada más productivo en lo que emplear el tiempo de la espera, el cual resulta no ser demasiado largo, Brandon aparece cuando voy por la tercera página, justo por la sección de tés.

¡Hey!— le respondo al saludo levantando una de mis manos después de que su golpe en el hombro llamase mi atención — ¿Nunca te he dicho que no puedes usar la excusa del tráfico con alguien de Los Angeles?— suelto una carcajada. Siempre me hace gracia cuando la gente se queja de densidad de circulación en Lima — Recuérdame que por tu cumpleaños te consiga una buena bici, así no tendrás problemas y de paso no contaminas.

Él se sienta en su silla, enfrente mía dejando escapar un suspiro. Si dijese que Brandon no me tiene preocupado mentiría. Al contrario que yo mi amigo es de esas personas que dejan que lo que ocurre a su alrededor le afecte más de la cuenta. Mientras que cuando yo tenía cualquier altercado desaparecía de la faz de la Tierra y hacía cualquier cosa para olvidarlo y no dejar que me afectase, sé que él es de esos de los que se encerrarían en su habitación dándole vueltas una y otra vez a un mismo pensamiento dentro de su cabeza de una forma autodestructiva y bastante sádica. No he tenido el tiempo suficiente en esta semana de locos para hablar demasiado con Brandon o para pasar todo el tiempo con mi amigo que me hubiese gustado, pero de mi mente no se va la dichosa llamada telefónica a las tantas de la noche que había conseguido preocuparme incluso a mí, no se le notaba muy bien por aquel entonces.

Agobiado no, lo siguiente—bufo con cierta molestia. Entre las clases, los ensayos y el trabajo aún no sé como saco tiempo para respirar siquiera— Pase lo que pase nunca te cambies a Carmel si no quieres acabar estresado, hazme caso— comento despegando la espalda de la pared y sentándome recto en mi asiento para demostrar más interés en la conversación— Oye, ¿Qué vas a querer pedir?— dejo caer cuando me doy cuenta de que todavía tengo abierta la carta delante de mí encima de la mesa— ¿Y tú qué? ¿Cómo has estado?

Desvio la mirada de nuevo a la lista de productos del café dejando salir un tono completamente tranquilo e informal pero prestando especial atención a la posible conversación. Muy para suerte de Brandon y de todos los que se juntaban conmigo, no soy persona de presionar para obtener cualquier tipo de información; más bien figuro en la lista de esas pocas personas desinteresadas de chismes que da su espacio a todo el mundo y espera a que la gente esté preparada para contar algo. Aunque claro está, el conocimiento de que seguramente algo pasa no es algo que se me haga agradable de soportar, pero respeto a cada persona siempre que me respete a mí.

Deberíamos hacer algo este fin de semana. Ya sabes, algo divertido— levanto la cabeza para mirar a mi amigo con esa sonrisa de “ya sabes que por divertido me refiero a cualquiera de esas locuras que nunca harías sin mí”.




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Re: Llegando tarde una vez más {Josh

Mensaje por Brandon P. Abrams el Mar Feb 07, 2012 9:14 am

Por suerte aquella tarde la cafetería no se encontraba demasiado abarrotada. Brandon era una persona que disfrutaba de veladas y lugares tranquilos, ya que no aguantaba la situaciones en las que había demasiada gente ni demasiado ruido. Por ese mismo tema evitaba visitar determinados establecimientos y, siempre que podía, se escaqueaba de acompañar a sus amigos a fiestas o discotecas. Muchas personas lo habían denominado una persona rara, por no seguir los gustos "normales" de un adolescente. Sin embargo, muchas veces se veía en la obligación de asistir para que dejaran de hablar de él, pues si algo no soportaba era estar en boca de todo el mundo. Sí, le gustaba ser popular, pero no le gustaba que le criticasen a las espaldas, como suponía que a ninguna persona le gustaba. Por este hecho era que se veía obligado a asistir de vez en cuando a algún acontecimiento en el que apenas había espacio para moverse. Lo pasaba mal, sí, pero aquello suponía que durante un tiempo cesaran los comentarios. Simplemente se esforzaba hasta extremos por contentar a la gente, hasta llegar al punto en qué llegaba a plantearse si aquello realmente le hacía feliz.

Suspiró de nuevo mientras echaba un vistazo a su alrededor, como siempre, estudiando y analizando el lugar que ya se conocía más que de memoria. Era costumbre que cada vez que visitaba un lugar lo escrutara con la mirada, le transfería cierta seguridad. Después de eso devolvió la mirada a su amigo y esbozó una media sonrisa. - Sí, está bien... Se me echó el tiempo encima como se costumbre. -Reconoció finalmente, pues si por algo siempre se había caracterizado era por ser una persona que odiaba decir mentiras. Además que, en el momento que las decía, era pillado rápidamente porque no sabía como mentir.

- No tengo intención alguna de cambiarme de instituto, no te preocupes. Me va bien en el mío. - "Aunque no me atrevo a salir del armario, por miedo a que me acosen y hagan de mi vida un infierno.", quiso añadir, pero simplemente lo dejó como un pensamiento más. Él sabía por lo que su amigo le había contado lo estrictos y exigentes que eran en su instituto y, en ocasiones, no podía evitar preocuparse bastante por él, ya que muchas veces parecía al borde de la desesperación. Aún así era una persona fuerte y rápidamente se recomponía. Si se ponía ahora a pensarlo hacían buena pareja, se complementaban demasiado bien ya que lo que uno no tenía, lo tenía el otro y así la balanza siempre estaba equilibrada. Por eso siempre dicen que los polos opuestos se atraen, generando la combinación perfecta. Así era su amistad, desde que se habían conocido, Josh le había ayudado a salir adelante en muchos aspectos ya que no le daba tantas vueltas a las cosas como él lo hacía. Sabía mejor que nadie restarle importancia a los problemas, y eso hacía que la confianza de Brandon en sí mismo se elevara, hecho que nunca venía mal pues tenía una autoestima demasiado baja.

No hizo demasiada falta que le cediese la carta, pues ya se conocía más que de sobra lo que en aquél lugar ofrecían. Además él siempre tenía por costumbre pedirse un chocolate caliente cuando visitaba aquél establecimiento. No le gustaba demasiado el café y siempre que podía lo evitaba. No sabía como algo tan amargo podía crearle adicción a tanta gente. - Parece mentira que después de tanto tiempo juntos no sepas lo que voy a pedir. - Se cruzó de brazos y alzó una ceja, fingiendo indignación. Después deshizo el gesto y soltó una pequeña carcajada mientras se acomodaba mejor en la silla.

Se quedó pensativo por unos segundos, cuanto más tiempo pasasen juntos más posibilidades tendría de intentar buscar las fuerzas necesarias en su interior para confesarle la verdad. Necesitaba que por una vez más su amigo ejerciera de psicólogo con él, pero esta vez se trataba de un tema mucho más delicado. Algo que podría cambiar su vida para siempre. A mejor o peor, no lo sabía. El futuro nunca esta claro, pues la vida da giros inesperados y no puedes saber lo que te ocurrirá el día de mañana. Lo que sí tenía claro y cada vez más es que no podía sostener durante mucho más tiempo la situación, pues terminaría hundiéndose más de lo que ya estaba. Necesitaba ayuda, lo sabía. Pero no era capaz de pedirla.

- Creo que nunca me había alegrado tanto escuchar esas palabras. - Realmente lo necesitaba. Necesitaba tiempo para despejar su mente, centrar su atención en otra cosa que no fuera ese tema. Sabía que su amigo era el mejor cuando se trataba de ayudarle en esas cosas, conseguía siempre que al menos durante unos segundos se olvidara de sus problemas y consiguiera ser un poco más feliz. - ¿Sabes? - Tomó algo de aire no muy seguro de lo que iba a decir a continuación, una vez más dándole vueltas y más vueltas a las cosas. ¡Despierta Brandon!, se dijo a sí mismo. Es tu mejor amigo, no te va a juzgar. No te va a denegar ayuda. Va a estar ahí siempre que lo necesites. Porque para eso están los amigos. - Necesito tu ayuda... - Confesó finalmente mientras empezaba a ponerse ligeramente nervioso. ¿Qué iba a decirle? ¿Cómo se lo iba a decir? Suspiró y negó con la cabeza, decidió empezar primero a allanar el terreno. - ¿Tú...te has enamorado alguna vez? - Preguntó bastante curioso, era un tema del que realmente nunca habían hablado, pero suponía que la respuesta iba a ser positiva. O al menos, sí que le había gustado alguna chica. Era imposible que no fuera así. Juntó sus manos sobre la mesa y empezó a jugar con ellas en un gesto de nerviosismo, agachando la cabeza para que su amigo no lo notase. Ya había dado el primer paso, ahora suponía que lo que vendría sería mucho más fácil. Aunque, ¿cómo se tomaría su mejor amigo el hecho de que estuviera enamorado de un chico? Su cabeza daba vueltas, necesitaba respuestas.



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Re: Llegando tarde una vez más {Josh

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